La caída de la honestidad

Publicado: 28/05/2023
Autor

José Chamorro López

José Chamorro López es un médico especialista en Medicina Interna radicado en San Fernando

Desde la Bahía

El blog Desde la Bahía trata todo tipo de temas de actualidad desde una óptica humanista

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Nos hemos separado totalmente de la afirmación que nos indicaba que un hombre o mujer es más que otro “cuando hace más”
Es posible que haya habido un tiempo en que el amor era el “motor del mundo” el salto de agua que electrizaba nuestras acciones, la corola que daba a la rosa su razón de ser flor. De tanto manosear la palabra “cambio” ha conseguido esta actuar como una mutación en las relaciones humanas y las pasiones han invadido nuestro mundo actual. Descargamos nuestras pasiones sobre una múltiple variedad de objetos verdaderos o cuando estos faltan sobre subsidiarios o falsos, antes seres orgánicos no racionales, hoy “mascotas” con amplia ley de defensa.  La parte amorosa que hay en nosotros a falta de objeto legítimo, en lugar de permanecer vana, se forja uno falso y frívolo, decía el filósofo griego Plutarco de Quironea.

Al par, la modernidad ha traído dos nuevos conceptos: Uno el individualismo, que mal conceptuado o permitiéndole su carácter soberbio puede llegar al desprecio del bienestar social o el ciudadano y otro el colectivismo que al igualar a todos los seres humanos intenta torcer o malograr todo intento de sobresalir ante los demás, destruyendo la iniciativa e implantándole en el bosque de la ideología, donde toda manipulación es fácil. Hemos visto con simplicidad inaudita, como el concepto de Dios y Patria ha sido sustituido por el de Leyes y Estado de Derecho. Y también como las leyes educativas no han sido capaces de elevar la excelencia de hombres y mujeres, llevándolos a la denominada “cultura de la vulgaridad”, siempre atenta a “cortar todo meristemo que haga crecer a la planta”.

Nos hemos separado totalmente de la afirmación que nos indicaba que un hombre o mujer es más que otro “cuando hace más”. Nadie, ni siquiera la “gran masa mediocre” tiene la fuerza o composición suficiente para hacer que el individuo prescinda de sus cualidades, su capacidad de esfuerzo, su responsabilidad y su continuo amor al saber, lo que nos hace diferentes. El saber se rinde solamente ante un saber superior. El deseo de superación rompiendo moldes es en realidad el amor descargado sobre un objeto concreto: la ciencia. El esoterismo y la pseudometafísica han dejado de ser ciencia. Pero los terrenos por donde caminan los hombres y mujeres que destacan por su excelsa valía, son rabiosamente pedregosos y es más fácil la herida que la caricia entre tanta rocosidad. Pero comienza la semana y es preciso vivir la realidad. Cuando este artículo vea la luz sobre el papel de prensa o red, ya habrá terminado totalmente el escrutinio electoral. Se conocerá quien ha conseguido más votos, pero no se debe de hablar, ni reconocer que alguien ha ganado, porque para ganar se precisa que la disputa, el enfrentamiento, vaya precedido de justicia, honradez y respeto, algo que ha faltado en una parte importante de los candidatos, aunque sin conseguir que las elecciones perdieran sus características de legales y legítimas. La mácula ha sido inconmensurable.

Los quince días de periodo electoral e incluso los previos han sido denigrantes e incluso no merecedores de un país que intenta ser importante, respetado y justo. Fue primero la ofensa de algunas listas electorales en cuya composición intervenían personas inhabilitadas judicial y humanamente, atendiendo a su pasado relacionado de una u otra forma con hechos trágicos. Convino aplacar las voces que pedían su abolición. Pero no hubo calma. Pronto apareció en el horizonte de la comunicación, que el correo sentía en sus entrañas, como lo utilizaban de manera fraudulenta, algo inconcebible en un sistema democrático que tanto  ha insistido en la responsabilidad del voto ciudadano. Pero la felonía o acción indigna no tiene límites y se sobrepasa la “línea roja” que trazó Judas Iscariote, comprándose el voto ciudadano, por bastante menos que las treintas monedas de plata, lo que indica que el ser humano tiene el pozo negro de la conciencia bastante más bajo de lo que se creía. Y en medio de todo, amenazas y secuestros por personas que debían ser ejemplares y la exaltación del insulto y el improperio, manifestaciones deleznables, aunque es posible nos hagan creer que es un bien cultural.

Pero lo más sublime y de semblante humorístico, si no se tratara de que se pone en juego el futuro de un pueblo, es el contenido de los mítines. Se ha ido a ellos como quien va a un sorteo de una campaña publicitaria. Todos los días se han ofrecido nuevas dádivas, que se han vendido como hechos necesarios y el ciudadano iba con la esperanza de cual sería, cada día “la buena nueva”. Y los no fanáticos del “repartidor de gracias”, pensaban si todas estas “partidas” se sabían necesarias, como no se distribuyeron antes y ahora se hacen apresuradamente en dos semanas.
El refranero popular dice que “cuando la limosna es grande o múltiple, hasta el santo desconfía”. Mayo ha soportado un castigo injustificado e irreversible y pide que nunca más se utilicen sus días para semejantes celebraciones. Antes de presumir hoy lunes de “ganador” debíamos de darnos, todos, un paseo por el lado oscuro de la conciencia.

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