El presidente del gobierno ha hecho de la concordia -subrayando su sentido etimológico de con corazón- su estandarte en la intervención en el Congreso de los Diputados. Se refería a una frase del que fue presidente de aquellas primeras Cortes, Antonio Hernández Gil, sobre que la Constitución es viable si hay concordia entre los protagonistas que tienen que transitar con ella. “Evoca los acuerdos a los que se llega desde la discrepancia. El espíritu de unir, en lugar de dividir entre buenos y malos españoles...”. Referirse a la concordia busca un sentido purificador, dado el nivel de crispación de la vida política. Se ha centrado en el esfuerzo que hizo la sociedad española para lograr una Constitución desde posiciones más distantes que las que puedan haber hoy. Curiosamente, preside una fundación del Partido Popular, Concordia y Libertad, el hijo del que fue presidente del gobierno, Adolfo Suárez Illana, miembro actual de la Mesa del Congreso. Sus fundamentos son los valores de la libertad, la democracia, la tolerancia y el humanismo cristiano. Pero, a pesar de la concordancia entre los grandes partidos -PP y PSOE- en muchos de estos principios, no hay forma de un mínimo de acercamiento para hacer vivible la vida política española y darle continuidad al periodo de mayor éxito de la historia de España. El presidente, al hablar de la necesidad del acuerdo de los tres quintos de las cámaras para cualquier modificación constitucional de calado, estaba diciéndole al PP que su concurso es imprescindible. Es el mayor argumente contra el catastrofismo: Sin el PP no puede haber cambios.
Ha negado taxativamente que los indultos signifiquen que pueda haber un referéndum de autodeterminación. Conviene tallarla en piedra de cara al futuro: “No habrá referéndum de autodeterminación en Cataluña”. Pero se abre a la vía política para no hacer recaer en los tribunales de Justicia lo que debe encontrar acomodo desde la política.
Aquel espíritu conciliador constituyente no está a la vuelta de la esquina. Las intervenciones de respuesta fueron absolutamente demoledoras. Negaron la mayor y la menor de las afirmaciones de Pedro Sánchez. Los órganos constitucionales, que deben ser renovados, se hayan bloqueados, el tono de los discursos entre el Partido Popular y Vox se hace difícilmente discernible y, tras la parada estival, se verá si hay cambio. Ayer no era el día.